El poder terapéutico del aprendizaje colaborativo

Me siento llena de energía y vitalidad, como si me hubiera sometido a una cura de desintoxicación contra todo aquello  que te estanca por dentro, haciéndote girar sobre el mismo punto sin avanzar…y sé las razones de esta deliciosa sensación.

En primer lugar, por qué no reconocerlo, porque me encanta ponerme a tiro para que me sucedan estas cosas y absorber cada gota de la experiencia, seguir mi intuición y asumir retos sin miedo.

Ello me llevó a participar hace una semana en el primer taller formativo de Disciplina Positiva en España, una propuesta educativa que me cautivó desde el minuto cero, apenas comencé a leer las impresiones de Jane Nelsen sobre los perjuicios del castigo y las recompensas, la eliminación total de la violencia física y emocional en la educación, los errores como oportunidades para aprender, de la necesidad de conectar con los niños desde el máximo respeto hacia ellos y a nosotros mismos, la colaboración como medio para una convivenvia constructiva…

Encontré su libro sobre Disciplina Positiva en la Biblioteca estatal de Las Palmas de Gran Canaria, sumergida en la búsqueda de bibliografía para los contenidos del curso sobre Estrategias de aprendizaje colaborativo que como ya he comentado estoy elaborando (lleva mucho tiempo), y aunque no estaba directamente relacionado con lo que buscaba en ese momento, no pude evitar incluirlo entre los libros que me llevé a casa para profundizar en ellos.

Y cómo se van tejiendo las cosas… al final, realizar este taller ha significado una experiencia de aprendizaje colaborativo de esas que reúnen todas las bondades que con tanto ahínco trato de explicar en el curso, con el objetivo de que los alumnos crean en ello, lo practiquen y lo apliquen posteriormente como docentes.

Realmente me doy cuenta de que ya desaprendí  aprender de otra manera que no sea trabajando en equipo, de forma  colaborativa, viviendo la experiencia de dentro hacia fuera, desde la libertad y el vértigo, y con la certeza de que finalizado el periodo formativo, queda de mi mano expandir el conocimiento adquirido.

Estoy convencida de que la experiencia no hubiera sido tan intensa ni gratificante si las “facilitadoras” Gigi y Gina, hubieran planteado el taller bajo otra metodología, de hecho, no imagino otra manera de aprender sobre Disciplina Positiva. Su trabajo fue inspirador y alentador, aunando emoción y razón.

Y cuando aprendes así, colaborando y compartiendo, el sentido de pertenencia al grupo, de significancia…, clic!, se enciende en ti…y cual niño que se encuentra en paz en ese estado (tal como recalca la Disciplina Positiva),  tu “yo” de adulto también se calma, dejando espacio a la renovación, a que entre aire fresco en tus ideas, tus ilusiones…Eso es terapéutico, es sano…

Por todo ello y muchísimo más… mil gracias a mis 25 compañeras y las dos “craks” de profes que tuvimos, siempre hubiera sido el momento perfecto para conoceros.

Foto grupo DP

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septiembre 28, 2013 · 9:53 am

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