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En marcha la I edición del curso Estrategias de Aprendizaje Colaborativo

Ya estamos en marcha, tras un fructífero periodo de preparación y planificación por parte de todo el equipo de Redefor Europa, el curso Estrategias de Aprendizaje Colaborativo en Entornos Virtuales es una realidad funcionando a pleno pulmón.

curso aprendizaje colaborativo

61 docentes de la Universidad Industrial de Santander, Colombia, se encuentran inmersos en el estudio y práctica de aspectos como las  implicaciones psicopedagógicas del aprendizaje colaborativo, su relación con el enfoque constructivista de la educación, el conectivismo y los estilos de aprendizaje, así como las competencias transversales y roles del docente y el alumnado.

En el primer módulo de introducción se aborda de manera práctica la conformación de nuestros Entornos Personales de Aprendizaje (PLE), sin duda un factor fundamental que facilita la toma de conciencia respecto a un nuevo modelo de aprendizaje  en el que la participación, la colaboración y las nuevas tecnologías juegan un papel primordial.

El PLE que proponemos está sustentado en la colaboración y en la utilización de multitud de recursos tecnológicos que apoyan este pilar, reforzando y facilitando la comunicación, el proceso creativo y el intercambio de experiencias y conocimiento.

Todo ello tiene que ir acompañado de una conexión especial entre las personas, otro punto de partida en el que se entremezclan competencias individuales y sociales necesarias para amplificar el alcance del conocimiento y su capacidad transformadora.

Este cambio requiere un tiempo de estudio, práctica, asimilación, integración… de manera que los fundamentos del aprendizaje colaborativo y su nueva forma de hacer vayan ganando terreno a la confortabilidad de lo conocido.

A nuestros 61 alumnos los felicito por su valentía, por su constante búsqueda del profesional que desean ser, por el esfuerzo que ya están realizando y también por darme la oportunidad de interactuar con ellos y seguir aprendiendo a través del hilo conductor del aprendizaje colaborativo.

Un abrazo a todos los cómplices de este reto,

Leticia Bolumar

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Las dificultades del aprendizaje colaborativo como oportunidad para desarrollar competencias

Las dificultades que presenta el aprendizaje colaborativo son en realidad una vía perfecta para el desarrollo de competencias aplicables a todos los ámbitos de la vida. De hecho, prevenir los problemas, afrontarlos de manera constructiva en caso de que surjan, buscar soluciones equilibradas, llevar a cabo los acuerdos, etc, son aspectos tan importantes como el propio contenido de la materia o tarea encomendada al equipo de trabajo.

Los equipos de trabajo de aprendizaje colaborativo deben tener presente que forma parte de la tarea llegar a consensos, negociar y desarrollar habilidades sociales y de equipo. Esto la mayoría de las veces no sucede de manera natural, y se corre el riesgo de que nos ahoguemos en esa parte del proceso pensando que es algo ajeno que torpedea el buen funcionamiento del equipo.

colaborarEl papel del docente aquí es hacer que los alumnos tomen conciencia de las competencias que tienen la oportunidad de desarrollar, además de planificar la experiencia educativa con una serie de estrategias que pueden servir de ayuda durante la travesía. Algunos ejemplos son:

Reuniones de seguimiento:Una medida en cierto modo preventiva para ir manteniendo los problemas a raya es establecer reuniones semanales donde se exponen los avances del trabajo que se está realizando y  los inconvenientes que están surgiendo para el correcto desarrollo de la tarea. Al abordar los problemas en márgenes pequeños de tiempo, no dejaremos que estos se sobredimensionen.

La asignación de roles: También es una buena herramienta preventiva, ya que existen figuras como la de la persona que controla que las tareas se ajusten a los tiempos de entrega, otra cuyo papel es el de motivar a los integrantes del equipo y revisar que todo avance según los objetivos marcados, etc.

Monitoreo constante del trabajo en equipo por parte del docente:Es necesario un continuo seguimiento de los equipos, sobre todo cuanto estos tengan poca experiencia en el aprendizaje colaborativo. Ante la detección de problemas concretos que están sin resolver, es conveniente que el profesor tenga una reunión en privado con los alumnos para guiarlos en la búsqueda de soluciones de manera amistosa.

Esta intervención del docente debe ser ocasional y no continua. Su objetivo tiene que estar encaminado a resolver las diferencias  de manera independiente, pero si no es posible la acción del profesor debe consistir en plantear al estudiante el comportamiento que está ocasionando el problema y solicitar su ayuda para que la situación cambie.

Hay que intentar evitar la reasignación de personas a equipos diferentes, y solo hacer esto en casos en los que no haya otra manera de solucionar el problema, ya que forma parte del proceso la resolución de conflictos y los beneficiará a medio plazo con mayores habilidades para la negociación y mayor autoestima.

También es necesario recalcar que cuando el profesor expresa su confianza en que los alumnos son capaces de superar los conflictos los está ayudando a que crean en ellos mismos y superen las adversidades pese a los esfuerzos que esto pueda suponer.

Sugerencias del profesor: Gracias al monitoreo de los equipos, el profesor debe hacer sugerencias que vayan en  la línea de evitar conflictos o hacerles tomar conciencia de los problemas que pueden ocasionar determinadas pautas que se están produciendo en el equipo.

Cuestionarios sobre satisfacción del trabajo en equipo: El profesor puede pasar cuestionarios de satisfacción para saber si los alumnos están satisfechos formando parte de su equipo.

Alumnos con excesivo protagonismo: En el trabajo en equipo no hay líderes, esto es muy importante tenerlo presente. La aportación de cada uno de los miembros es tan importante como la de los demás, de ahí la relevancia de hacer una buena selección de los miembros, pese a que en muchas ocasiones, sobre todo cuando son acciones formativas puntuales, es muy difícil ajustar este tipo de cuestiones quedando en alguna medida sometida al azar.

Algunas estrategias para mantener una estructura horizontal en el equipo son:

-Promover la participación equitativa entre grupos haciendo sentir a los miembros del equipo que tienen roles únicos dentro de él y que su rol es indispensable para el éxito de la tarea.

-Pedir un solo resultado por equipo, asignar roles e intercambiarlos, dar a cada miembro recursos críticos diferentes, escoger a un miembro del equipo para que explique y resuma los resultados y los métodos empleados y después asignar la calificación lograda por él a cada miembro del equipo.

Desconocimiento de las normas: Es muy positivo que los estudiantes realicen un ejercicio en el que plasmen los comportamientos que consideran que perjudican al trabajo en equipo y elaboren un código ético para a continuación llegar a un consenso y fijar un documento común que será revisado por el docente.

Alumnos que no participan: Una estrategia que da buenos resultados para asegurar la participación equitativa de los miembros de un equipo es la distribución de roles, de manera que los alumnos tienen marcada una labor clara y necesaria para el funcionamiento del equipo. De esta manera ganan en seguridad y autoestima pudiendo superar desde mejor posición la timidez, las inseguridades, etc.

Conocimiento por parte del docente sobre estrategias para la resolución de conflictos: Modelos como el Pensamiento lateral[1] o  Resolución de problemas 8-D[2] pueden dar al docente nuevas perspectivas para guiar a los alumnos en la resolución de conflictos, pero como conocimiento básico es necesario que sepa reconocer el origen del problema para poder actuar, de manera que detecte si el conflicto surge por problemas de comunicación, relación, necesidades, valores, etc[3].

[1] Para conocer más acerca del método para la resolución de problemas Pensamiento lateral: http://es.wikipedia.org/wiki/Pensamiento_lateral

[2] Más información en esta página web: http://www.pdcahome.com/las-8d/

[3] Para profundizar en los tipos y técnicas para afrontar conflictos se recomienda consultar los siguientes sitios web:

http://news.psykia.com/content/los-conflictos-tipos y http://www.slideshare.net/epampliega/tcnicas-para-la-resolucin-de-conflictos

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Conectando hemisferios

 

Últimamente ando sumergida en las propuestas educativas de la Disciplina Positiva http://disciplinapositivaespana.com/  y sin buscarlo conscientemente ha resultado que el aprendizaje colaborativo guarda una estrecha relación con este enfoque pedagógico realmente apasionante para mí, ya que supone una vía muy válida para desarrollar habilidades que tienen que ver con un concepto que está ocupando mi atención y curiosidad en los planos familiar, personal y profesional, definido por Daniel Siegel como la “integración” del hemisferio derecho y el hemisferio izquierdo del cerebro. 

Para conocer más acerca de Siegel, autor de la más que recomendable obra “El cerebro del niño” o “La crianza de los hijos de dentro hacia fuera” y acercarte a sus inspiradoras propuestas, puedes consultar su web en http://drdansiegel.com/

Para mí esta “integración” ya se ha convertido en un auténtico reto, de esos que gustan por ambicioso y alcanzable. Dicho en otras palabras, este reto consiste en conectar y coordinar los recursos mentales que poseemos, tanto emocionales como racionales, que operan desde diferentes zonas del cerebro y que con demasiada frecuencia solemos utilizar aisladamente.

Una buena salud mental depende de cuán integrados tengamos nuestros recursos mentales para hacerlos trabajar  coordinadamente, de manera que el hemisferio izquierdo, donde se encuentra nuestra capacidad de razonamiento y lógica esté conectado con el hemisferio derecho, allí donde suceden las emociones. De igual forma ocurre con la zona superior del cerebro, región donde está la capacidad para ver nuestras propias acciones de una manera reflexiva, y con la parte inferior, zona en la que tienen lugar nuestras reacciones viscerales y de supervivencia.

Dicho así puede resultar una obviedad, pero realmente pocas madres, padres o educadores se molestan en atender y conocer cómo funciona el cerebro de los niños, y todos hemos sido niños, por lo tanto, crecemos y construimos nuestra mejor herramienta para desenvolvernos en la vida, sin que nadie nos haya guiado con conocimiento de causa para alcanzar todo nuestro potencial de salud mental. Más bien, es bastante común que la interacción educativa se convierta en un constante torpedeo a ese fin, lo cual provoca que no siempre se llegue a la etapa adulta en las mejores condiciones posibles…yo lo veo todos los días ;).

Al abordar este tema en niños y en adultos me surgen marcadas diferencias acerca de las estrategias que podemos utilizar. Por ejemplo, mi experiencia con los más pequeños es que ayudarlos para que conecten sus emociones negativas con su capacidad reflexiva es de lo más grato que pueda existir, es algo así como guiar hacia una nueva puerta que se abre dentro de ellos y que les posibilita disminuir su malestar ante emociones de frustración, ira o tristeza, tan comunes en los niños. Sorprende comprobar cómo ante una situación de caos emocional, con una pequeña intervención del adulto para que el niño tome conciencia de la emoción que está sintiendo, poniéndole nombre, y ayudándolo para que identifique aquello que  detonó esa sensación (todo ello envuelto en un abrazo), es capaz de hacer cambiar su disposición inicial y avanzar hacia un estado de ánimo más positivo.

En el caso de los adultos, somos nosotros mismos los que tenemos que gestionar esta “integración”, para lo cual, como he mencionado anteriormente, es importante conocer cómo funciona nuestro cerebro y hacer de las decisiones que tomamos ante experiencias que nos desestabilizan, la oportunidad y el escenario donde ir dibujando un nuevo mapa cerebral, más interconectado, sano y capaz.

Aquí entra en juego el aprendizaje colaborativo, donde intervienen una variedad de situaciones que pueden ser una rica fuente de experiencias en las que tenemos que aunar nuestra capacidad lógica y reflexiva para aprender aquello que nos proponemos, con distintas emociones sobre nuestro propio papel en el equipo y nuestra relación con sus  miembros. El objetivo es claro, puesto que se trata de solucionar una tarea de manera colaborativa y nuestras decisiones deberán ir encaminadas a aquello que propicie un buen resultado. Entrenar la habilidad de solventar los escollos que vayan surgiendo es un trabajo de “integración”, de ahí que entre las competencias que se entrenan en el aprendizaje colaborativo se encuentren la autogestión, autonomía, responsabilidad, empatía, creatividad, flexibilidad…

Creo que seguirán surgiéndome más y más beneficios del aprendizaje colaborativo,  me pregunto cuál será el siguiente. El curso on line de Estrategias de Aprendizaje Colaborativo que he elaborado junto a Redefor http://www.redefor.eu/ seguro que contribuirá a despejar esa incógnita…

 

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El aprendizaje colaborativo como motor del conocimiento metacognitivo

Conocimiento metacognitivo, el nombre echa un poco para detrás, parece que se refiere a “cosas incontrolables de la mente”, pero es todo lo contrario, expresa la capacidad del ser humano para conocer cómo aprende, piensa, recuerda, para autoregularse, tomar conciencia, mejorar su capacidad de comprensión…

Lo que sucede es que no estamos acostumbrados a practicarlo en el plano educativo, ni en ningún otro plano, a pesar de que solo con la toma de conciencia de que podemos pensar acerca de nuestro pensamiento, ya tenemos un buen paso dado para organizar la manera en la que mejorar los resultados del aprendizaje.

En el caso del aprendizaje colaborativo nos encontramos con la oportunidad de abordar el conocimiento metacognitivo, tanto desde una perspectiva grupal como individual. Es como si fuera un motor que te conduce a ese punto en el que cada integrante del equipo está en disposición de bucear dentro de sí para poder desarrollar la mejor versión de sí mismo. Y al mismo tiempo, la persona se retroalimenta de cómo el resto de los miembros están gestionando este mismo proceso.

Entre las pautas básicas para que un equipo obtenga buenos resultados se encuentra la constante supervisión de múltiples factores que tienen que ver con sus pautas de funcionamiento, logros, problemas, retos, estrategias… Se trata de preguntarse de manera sistemática en reuniones para tal fin ¿qué hemos aprendido hoy?, ¿cómo lo hemos aprendido?, ¿qué hemos entendido bien?, ¿qué cosas no acabamos de entender?.  Algo tan sencillo como formular estas preguntas con cierta asiduidad puede favorecer la solución de bloqueos en el aprendizaje, aumentar la motivación y superar las dificultades que se van presentado en todo proceso de aprendizaje.   

De hecho, un estudio realizado por profesores de matemáticas (disponible en http://goo.gl/qIhkIh) en el que analizaron las repercusiones del trabajo colaborativo en el conocimiento metacognitivo, concluyó que tras las experiencias de colaboración, los alumnos experimentaban un mejor rendimiento individual, entre otros factores, debido a que la capacidad del equipo para encontrar nuevas estrategias para la resolución de problemas es mayor que la de una persona aislada.  

No me olvido de que el propio aprendizaje colaborativo nos plantea nuevos problemas que también hay que afrontar, pero es aquí donde la figura del profesor como guía es fundamental. A trabajar en equipo se aprende, como todo en la vida. Y hoy por hoy, la formación docente en este terreno es muy escasa. Sin embargo, este modelo pedagógico es muy rico en propuestas, tales como la Teoría de las Inteligencias Múltiples, la Inteligencia Emocional, los Sistemas de Referencia VAK, la Programación Neurolingüística, la Teoría de los Hemisferios Cerebrales o la Rueda de Kolb.

De hecho, ahora mismo escribiendo sobre este tema, estoy recordando que en la facultad de Pedagogía nos pedían multitud de trabajos en equipo, pero nunca hubo un asesoramiento sobre las estrategias para obtener el máximo provecho de la experiencia, ni siquiera acerca de cómo tomar conciencia del sentido de lo que hacíamos más allá del contenido que teníamos que trabajar. Con esto quiero decir que la mayoría de las veces, el aprendizaje colaborativo se desarrolla sin tener en cuenta el conocimiento metacognitivo que puede desprenderse de él y que resulta muy beneficioso.

Y como me encanta extrapolar lo que sucede en el contexto educativo a la vida misma, no me cabe duda de que si nos educaran dando más protagonismo al conocimiento metacognitivo, por medio por ejemplo de aprender más colaborativamente (como no podía ser de otra manera), se desenredarían muchos de los nudos que a veces nos hacemos a causa de la imagen que tenemos de nosotros mismos y nuestras capacidades, haciéndonos más libres por dentro…que ya es un paso 🙂

 

 

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El poder terapéutico del aprendizaje colaborativo

Me siento llena de energía y vitalidad, como si me hubiera sometido a una cura de desintoxicación contra todo aquello  que te estanca por dentro, haciéndote girar sobre el mismo punto sin avanzar…y sé las razones de esta deliciosa sensación.

En primer lugar, por qué no reconocerlo, porque me encanta ponerme a tiro para que me sucedan estas cosas y absorber cada gota de la experiencia, seguir mi intuición y asumir retos sin miedo.

Ello me llevó a participar hace una semana en el primer taller formativo de Disciplina Positiva en España, una propuesta educativa que me cautivó desde el minuto cero, apenas comencé a leer las impresiones de Jane Nelsen sobre los perjuicios del castigo y las recompensas, la eliminación total de la violencia física y emocional en la educación, los errores como oportunidades para aprender, de la necesidad de conectar con los niños desde el máximo respeto hacia ellos y a nosotros mismos, la colaboración como medio para una convivenvia constructiva…

Encontré su libro sobre Disciplina Positiva en la Biblioteca estatal de Las Palmas de Gran Canaria, sumergida en la búsqueda de bibliografía para los contenidos del curso sobre Estrategias de aprendizaje colaborativo que como ya he comentado estoy elaborando (lleva mucho tiempo), y aunque no estaba directamente relacionado con lo que buscaba en ese momento, no pude evitar incluirlo entre los libros que me llevé a casa para profundizar en ellos.

Y cómo se van tejiendo las cosas… al final, realizar este taller ha significado una experiencia de aprendizaje colaborativo de esas que reúnen todas las bondades que con tanto ahínco trato de explicar en el curso, con el objetivo de que los alumnos crean en ello, lo practiquen y lo apliquen posteriormente como docentes.

Realmente me doy cuenta de que ya desaprendí  aprender de otra manera que no sea trabajando en equipo, de forma  colaborativa, viviendo la experiencia de dentro hacia fuera, desde la libertad y el vértigo, y con la certeza de que finalizado el periodo formativo, queda de mi mano expandir el conocimiento adquirido.

Estoy convencida de que la experiencia no hubiera sido tan intensa ni gratificante si las “facilitadoras” Gigi y Gina, hubieran planteado el taller bajo otra metodología, de hecho, no imagino otra manera de aprender sobre Disciplina Positiva. Su trabajo fue inspirador y alentador, aunando emoción y razón.

Y cuando aprendes así, colaborando y compartiendo, el sentido de pertenencia al grupo, de significancia…, clic!, se enciende en ti…y cual niño que se encuentra en paz en ese estado (tal como recalca la Disciplina Positiva),  tu “yo” de adulto también se calma, dejando espacio a la renovación, a que entre aire fresco en tus ideas, tus ilusiones…Eso es terapéutico, es sano…

Por todo ello y muchísimo más… mil gracias a mis 25 compañeras y las dos “craks” de profes que tuvimos, siempre hubiera sido el momento perfecto para conoceros.

Foto grupo DP

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septiembre 28, 2013 · 9:53 am

Las razones del aprendizaje colaborativo

Repasando los contenidos que sirven de introducción al curso e learning en el que trabajo sobre Estrategias de aprendizaje colaborativo, me apeteció recordar las razones por las cuales esta manera de enfocar el aprendizaje debe ir ganando terreno ante las viejas prácticas, y siendo complemento de multitud de modelos educativos que buscan igualmente el desarrollo de las personas a través de afianzar tanto su individualidad y autonomía como una sana interacción con los demás.

acolaborativo

El aprendizaje colaborativo emana de una concepción constructivista del aprendizaje, una corriente de pensamiento que nació a mediados del siglo XX en la que participaron filósofos, pedagogos y educadores, psiquiatras, físicos, matemáticos, biólogos, psicólogos, sociólogos, lingüistas…

Se considera que el primer constructivista fue Giambattista Vico, y entre sus máximos exponentes de manera muy resumida se podrían citar a Ernst von Glasersfeld, Jean Piaget y Lev Vygotski.

De manera casi poética, la cita de Gerald M. Edelman representa el espíritu constructivista: “Cada acto de percepción es, a cierto grado, un acto de creación, y cada acto de memoria es, a cierto modo, un acto de imaginación”.

Las dos ideas esenciales que comparten las teorías constructivistas de la enseñanza son que el aprendizaje es un proceso activo de construcción por parte del sujeto, más que de adquisición de conocimientos, y que la enseñanza es el proceso de apoyo de dicha construcción, más que la transmisión o comunicación de conocimientos (Duffy y Cunningham, 1996)[1].

El enfoque constructivista se opone a la teoría cognitivista del procesamiento de información; dado que considera que la realidad no es ni única, ni objetiva ni independiente a quien la busca describir y explicar. El sujeto construye activamente herramientas y símbolos propios para manipular de manera concreta (física) y abstracta (semántica) el mundo externo y su concepción de sí mismo[2].

Es decir, defiende que es el propio alumno quien construye su propio conocimiento a partir de un proceso interactivo en el que el papel del profesor es mediar entre el alumno y los contenidos, y plantea la posibilidad de que en determinadas circunstancias, los alumnos puedan protagonizar este papel mediador. Los alumnos también aprenden unos de otros[3].

Esta interacción entre los diferentes agentes educativos que también caracteriza al aprendizaje colaborativo, incide de manera positiva en aspectos como[4]:

-El proceso de socialización.

-La adquisición de competencias sociales.

-El control de los impulsos agresivos.

-La relativización de los puntos de vista.

-En incremento de las aspiraciones y del rendimiento académico.

-etc.

Algunas de las cuestiones que hay que tener en cuenta para alcanzar estos beneficios son[5]:

-La necesidad de activar las estructuras previas de los alumnos. En consecuencia, el maestro debe conocer estas estructuras, puesto que ellas son la base con la cual la nueva información será contrastada.

El adquirir conocimiento conlleva comenzar por el todo para llegar  a las partes, una vez que el todo inicial sea comprendido.

-La comprensión del conocimiento implica procesos de exploración  y examen de todos los matices del nuevo conocimiento. Los alumnos necesitan compartir las estructuras emergentes con otros que puedan criticarlas y, en consecuencia, ayudar al que está aprendiendo a refinar sus propias estructuras.

-El uso del conocimiento a través de una auténtica resolución de problemas.

El aprendizaje colaborativo también se nutre de la teoría sociocultural, derivada de las ideas de Vigotsky, en la que el concepto de la interacción social se ve como un mecanismo para el desarrollo.

Mientras la corriente Piagetiana plantea la contradicción y el conflicto con grupos moderadamente divergentes para la cooperación, la perspectiva sociocultural subraya la colaboración y propone los grupos homogéneos para propiciarla, así como las relaciones tutoriales para la mediación[6].


[1] Citado en Castañeda, L., Adell, J. (2013)

[3] Monereo, Durán. (2002)

[4] Coll, Colomina. (1990)

[5] Para profundizar, leer completo el artículo de Araceli de Tezanos “Constructivismo: un largo y dificultoso camino desde la investigación al aula de clase”. Disponible en:

 http://www.segciencias.com.ar/tezanos1.htm

[6] Monereo, Durán. (2002)

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Primer paso: crear nuestro propio Entorno Personal de Colaboración

Siguiendo la idea de llevar a cabo un aprendizaje conectado y con conciencia, el primer paso para ponernos en situación consiste en la creación de nuestro propio Entorno Personal de Aprendizaje (PLE, por sus siglas en inglés Personal Learning Environment). Todos, desde pequeños, hemos ido aprendiendo a través de un entorno que contaba con diferentes elementos: familia, colegio, amigos, televisión…así que esto del PLE no es nada nuevo, tal como me comentaba Pablo Barrios, con quien trabajo en equipo en la elaboración del curso “Estrategias de Aprendizaje Colaborativo”.

Pero en la actualidad, al PLE tradicional se le ha unido el del mundo digital, que pone a nuestro alcance multitud de oportunidades para aprender, crear, relacionarnos, compartir… La avalancha de posibilidades es tal, que si no somos capaces de tomar conciencia y organizarnos caeremos irremediablemente en la infoxicación, perdiendo buena parte del potencial que tiene la red.

Para saber de una manera clara y rápida qué es un PLE, este video de Linda Castañeda está genial.

Desde el punto de vista del movimiento colaborativo, es muy interesante el concepto de PLE debido a que promueve la autogestión y la autonomía en nuestro aprendizaje, al mismo tiempo que contempla un fuerte componente social, a través de la Personal Learning Network (PLN), que viene a ser la red de personas con las que comparto mis reflexiones, creaciones, dudas, experiencias…y con la que enriquezco mi conocimiento.

Precisamente, cambiar nuestro estilo de vida a favor del movimiento colaborativo, pasa por hacer exactamente lo mismo pero a mayor escala,  traduciendo en iniciativas colaborativas el resultado de una parte o de todo nuestro PLE. Es decir, lo que podríamos definir como un Entorno Personal de Colaboración estaría constituido por nuestro PLE, como un factor fundamental y precursor de la creación de nuevos entornos, comunidades o redes colaborativas a través de las cuales, por ejemplo, consumimos, trabajamos, financiamos nuestros proyectos, participamos socialmente, viajamos, nos movemos, accedemos a servicios, entre otros.

En este enlace de la revista Yorokobu, de la que siempre digo que me reconcilia con el periodismo y me hace vivir unos viajes “terapéuticos” en Vueling gracias a su diseño y contenido, hay varios ejemplos de hasta dónde somos capaces de llegar cuando actuamos colaborativamente.

Artículo de Yorokobu, Alternativas colaborativas para no quedarse en el inmovilismo

Dejar atrás costumbres habituales poco eficientes y cambiarlas por nuevos hábitos propuestos desde el movimiento colaborativo, no es tarea fácil, lleva su tiempo y dedicación. Para ello, primero hay que tener una voluntad del tamaño de la hazaña, es decir, bastante grande, y segundo, apoyarnos en recursos tecnológicos que facilitan esta toma de conciencia y organización necesaria para poder gestionar nuestro Entorno Personal de Colaboración.

Mi experiencia en este sentido es que se avanza lentamente, pero con paso firme. Hasta el momento, las propuestas colaborativas que me han dado mejor resultado han sido las relacionadas con los viajes, concretamente, Couchsurfing y Airbnb, han cumplido su cometido a la perfección, así como, en lo relacionado con el consumo, los mercados de trueque. En el intento estoy con otras que tienen que ver con la movilidad, intercambio de casa, banco del tiempo… y, por supuesto, sueño con poder construir mi propia casa de manera colaborativa a través de iniciativas open source, ni se me pasa por el pensamiento formar parte del negocio bancario-inmobiliario convencional.

Bien, seguiremos hablando de cómo crear nuestro Entorno Personal de Colaboración, por eso el siguiente paso será abordar varios recursos tecnológicos muy útiles para conseguir poner algo de orden y concierto en nuestro “escritorio” y en nuestra cabeza, con el objetivo de disfrutar al máximo de aquello que nos interesa y de lo que queremos formar parte.

Y recogiendo las preferencias de una de esas personas que con su forma de enseñar te ayudan a que descubras cómo te gusta aprender, mi profesora en la Uned, Georgina Cherta, sigo pensando que… “hay que hacer que las cosas SUCEDAN”

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julio 7, 2013 · 9:12 pm